¿Cómo evitar el impacto ambiental de la Energía Azul?

El caso de España

La energía eólica marina, también llamada “Energía Azul”, es una de las palancas para la transformación energética a nivel nacional, europeo y global. Sin olvidar la oportunidad industrial, económica y social que representa, permite avanzar en la protección de los valores ambientales y complementar usos y actividades del entorno marino.

En España, desde que en 1981 se instaló el primer aerogenerador en Tarifa, la energía eólica ha tenido un importante despliegue tanto en potencia instalada como en tecnología propia e investigación; tal es el caso que el país se sitúa como uno de los líderes en la electricidad a partir del viento en parques terrestres. Sin embargo, a pesar de ser uno de los líderes en esta tecnología, España apenas ha iniciado el despliegue del potencial en sus aguas de la también conocida por su anglicismo ‘offshore’.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que la energía eólica marina supondrá en torno a la mitad de la generación eólica en Europa para eso del 2040.

La Comisión Europea pronostica que la eólica marina pase de los 12 GW actualmente instalados a más de 60 GW de aquí al año 2030, y de los 13 MW de energías del mar, como la mareomotriz, hasta 1 GW en 2030. De momento, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima de España (PNIEC) para esta década 2021-2030 prevé una capacidad de 50 GW de potencia eólica marina instalada, lo que supone casi duplicar los casi 27,5 GW actuales, un reto que se alcanzará con una movilización superior a 30.000 millones de euros.

Para hacer frente al desafío del cambio climático, resulta imprescindible que el sistema energético sea 100% renovable lo antes posible y no después de 2050, cuando España ha de alcanzar cero emisiones, en cumplimiento del Acuerdo de París.

Tanto la Unión Europea (UE) como España, a través de su Plan Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, resaltan el potencial de la energía eólica marina como herramienta para dejar atrás los combustibles fósiles.

Sin embargo los beneficios de una energía limpia, que no emite gases de efecto invernadero a la atmósfera, se ven empañados por el impacto ambiental, en el paisaje y en lo social, allí donde se instalan, lejos de las zonas urbanas y, en ocasiones, en enclaves de alto valor para la biodiversidad.

Por esto y para evitar los impactos de las renovables, ha sido aprobada recientemente la Ley de Cambio Climático y Transición Energética que incluye en el texto la necesidad de que su expansión se acometa teniendo en cuenta el impacto ambiental, paisajístico y que sus beneficios sean considerables en los territorios donde se instalan.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico abrió a consulta pública el borrador de la Hoja de ruta para el desarrollo de la eólica marina y de las energías del mar en España. Esta tiene por objeto orientar e impulsar de forma decidida el pleno desarrollo de la Eólica Marina y de las Energías marinas en España, a corto, medio y largo plazo.

La finalidad de esta consulta pública fue hacer público un texto sobre el que recabar, directamente o a través de sus organizaciones representativas, la opinión de los ciudadanos y entidades potencialmente involucradas en la cadena de valor de las energías renovables marinas.

Este documento incluye 20 líneas de actuación con las que el Gobierno quiere “convertir el país en la gran referencia europea para el desarrollo tecnológico y de I+D” en este sector.

Además, el texto expone que se deberá garantizar un “despliegue ordenado de las instalaciones en las aguas territoriales que sea respetuoso con el medio ambiente, compatible con otros usos y actividades y aprovechará su implantación para mejorar el conocimiento del medio marino”.

España se ha comprometido a proteger el 30% de sus aguas de aquí a 2030, de acuerdo con la Estrategia de Biodiversidad de la Unión Europea. De hecho, este es uno de los países con más kilómetros de costa de la UE (6.000 km) y de los más ricos en biodiversidad, con más de 11.000 especies y una amplia representación de hábitats.

Las energías renovables son una parte fundamental de la solución a la crisis climática pero, si se ubican en espacios de alto valor natural, contribuyen a la destrucción de la biodiversidad, que también es fundamental para frenar el cambio climático, afrontar la recuperación post-COVID 19 e imprescindible para asegurar calidad de vida a la ciudadanía y a las generaciones futuras. Por esto, aplicar el desarrollo renovable garantizando la protección ambiental del mar y minimizar sus efectos es clave.

En la Hoja de ruta el ministerio subraya la obligación de las administraciones de asegurar la integridad y adecuada conservación del espacio marino, por lo que deberá tener en cuenta la compatibilidad de los distintos usos, así como los objetivos y compromisos en materia de protección del mar y de la biodiversidad.

El sector pesquero también se mantiene atento a la evolución de los acontecimientos en este campo, e incluso el propio Parlamento Europeo expresó sus reservas ante esta tecnología, por las consecuencias que se pueden derivar de ella para el medio ambiente y sectores tradicionales como la pesca. Durante la primera semana de julio, la Eurocámara publicó un informe en el que alertaba del impacto negativo de los parques eólicos marinos y que recoge medidas para “salvaguardar” el sustento de los pescadores ante los posibles efectos desfavorables que incluyen la posibilidad de establecer compensaciones económicas.

 

En ese sentido, el europarlamentario Peter Van Dalen defendió que los pescadores son “los usuarios más antiguos del mar y, en consecuencia, debe haber una cooperación real con ellos si se construyen parques eólicos en alta mar”.

Más allá e independiente de las distintas posiciones, la verdad es que España cuenta con todos los elementos a favor para evitar que las renovables pongan en riesgo la biodiversidad de forma innecesaria. En España es necesario ocupar entre el 1% y el 3% de la superficie terrestre para cumplir con la planificación renovable a 2030, y estos números nos dicen que las renovables pueden y deben ser responsables.

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